Días contados

Fueron dos días intensos, el primero de aprendizaje con experiencias como ASTRA, Lakabe o Colbrain & GranHub…tres proyectos colectivos diferentes, en momentos distintos, heterogéneos… Uno de ellos, una fábrica social para la cultura, que se está convirtiendo en un referente en Gernika. Astra viene de un proceso intenso, experimental en algunos casos, donde la participación (sus métodos y técnicas) ha sido el medio por el que se ha ido construyendo poco a poco el proyecto. Una participación que surge desde la reflexión del propio colectivo, de su largo recorrido, que se diseña y se crea a partir de la experiencia que ya tienen los que conforman Astra Koordinadora.

Otro de los proyectos es LaKabe, pueblo okupado desde hace 25 años en Navarra, un proyecto vivencial, donde, y cómo dijo Mabel, se ha ido aprendiendo desde la experiencia a colaborar, cooperar, a ser comunidad con todo lo que ello comporta. A generar sus propios métodos de resolución de conflictos para dinamizar lo que ocurre cotidianamente en el pueblo, a diseñar métodos participativos para equilibrar las relaciones de poder, encauzar la figura del lider y generar los medios para funcionar desde la igualdad.

El último de los proyectos, GranHub, es un pequeño proyecto que aglutina desde una necesidad muy concreta, -la falta de financiación local para realizar innovación- a microproyectos que necesiten apoyo para que se lleven a cabo. Se crean pequeños colectivos en base a una idea o microproyecto, y son estos los que desde la colaboración van gestando las propuestas hasta ponerla en marcha.

Experiencias donde se hace palpable, vivo, comprometido, conceptos como colaborar, participar, procomun, comunidad…con estos proyectos aprendes a respetar la implicación que tiene el proceso participativo, lo que conlleva de responsabilidad para todas las personas que forman parte del mismo. Desde monoD, llevamos un tiempo debatiendo, discutiendo, que esto de la participación tiene que tener una premisa clara, y es su labor de herramienta social puesta al servicio de la gente.

Esto que parece fácil, muchas de las veces no es así, por varios motivos;

_La poca o nula formación que existe en el ámbito de la participación y sus daños colaterales (irresponsabilidad, confusión…)

_Los límites democráticos que existen en el sistema político, que de manera explícita impiden desarrollar experiencias que visibilizen el enorme potencial de las herramientas participativas.

Desde este punto, y desde estas experiencias queda explícito que un proceso participativo no surge como artificio para generar un servicio, sino que su potencia está para dinamizar las problemáticas que surgen, hacerlas visibles y hacer explícita la acción de la gente en las transformaciones urbanas.

Si algo hemos aprendido estos dos días con proyectos tan interesantes como los arriba mencionados, es reconocer que todavía queda mucho por hacer en todo esto de la participación, los procesos colaborativos, el procomún y que sobretodo son las experiencias que parten desde la gente, lo colectivo, las que puede empezar a mostrar claramente y de manera explícita lo que supone iniciar procesos sociales desde la metodología participativa.

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